ISABEL LA CATOLICA (Primera parte)

ISABEL LA CATOLICA (Primera parte)

por Samuel Ocaña García

…Y porque Ella forma

parte esencial de la historia de

México y de América, hablemos

de la Reina…

Isabel La Católica

++++La sociedad mexicana desde la época precolombina ha forjado una historia rica, fascinante y a la vez heroica, porque da cuenta de una permanente lucha de defensa de su suelo y su libertad contra fuerzas externas que la han conquistado y colonizado; la han invadido y mutilado; y la han esclavizado y saqueado. Y precisamente a partir de hoy, en plática contigo, me referiré a una de esas fuerzas externas representada por una mujer singular y personaje cumbre de la historia de España, Isabel La Católica, Reina de Castilla y León, profundamente vinculada al destino de los pueblos indios de América, desde que ella hizo posible la llegada de Cristóbal Colón a nuestro continente en 1492.

++++Apuntar entre otras cosas, que fue Isabel con su esposo Fernando El Católico, quien dio origen a través de uno de sus descendientes a una nueva dinastía española reinante: los Habsburgo; siendo el primero de ellos Carlos I de España y a la vez Emperador de Alemania, quien inició la conquista y sumisión de los pueblos indios de la Nueva España y del resto de las naciones autóctonas de América. La sucesión de monarcas Habsburgo de España mantuvieron la esclavitud y la explotación hasta 1700, año en que desapareció la dinastía después de 184 años de reinado, al morir el Rey Carlos II, periodo que fue cubierto por:

1.- Carlos I de España, y V de Alemania 1516-1556. Reinó 40 años.

2.- Felipe II,  1556-1598. Reinó 42 años.

3.- Felipe III, 1598-1621. Reinó 23 años.

4.- Felipe IV, 1621-1665. Reinó 44 años.

5.- Carlos II, 1665-1700. Reinó 35 años.

La imagen histórica, gigante, de Isabel La Católica, se sustenta en su obra política:

  • Alentar y financiar a Colón, cuyo primer viaje por el mar océano dio como resultado el encuentro de un continente que nadie imaginaba en Europa;
  • Que haya sido su tronco familiar el origen para la generación de una nueva dinastía que impuso a sangre y fuego la colonización de los pueblos de América;
  • Que hubiese instalado el Tribunal del Santo Oficio, la “Santa Inquisición”, en España y América;
  • Que hubiera logrado la expulsión del reino Árabe-Musulmán de España, después de haber permanecido 800 años en la Península, y que esto, aunado a su casorio con Fernando El Católico, Rey de Aragón, le permitió unificar reinos y dar nacimiento a la nueva nación, España, que no existía antes de su ascenso; y
  • Su talento y carácter demostrado desde muy joven, 23 años, para imponer su entronización ilegal como Reina de Castilla y León, arrebatándole la corona, mediante una guerra, a su sobrina Juana de Trastámara, heredera directa al trono por ser hija del Rey Enrique IV de Castilla y León.

++++Entonces, tal legado histórico de Isabel nos hace evidente las repercusiones y efectos profundos que operaron en la vida interna y evolución de México, así como de los países de la América hispánica.

++++Por ello, navegar y escudriñar un poco sobre algunas de las facetas de la personalidad y obra de Isabel La Católica, resulta deleitoso; y porque ella forma parte de la historia de México y América, hablemos más de la Reina…

Isabel La Católica

RAICES

…y porque ella forma parte esencial de la historia de México y América, hablamos más de la Reina…

++++Larga y cruenta ha sido la historia de España. Su conformación se inicia con sus pueblos originales avecindados en la Península Ibérica, cuyos vestigios más antiguos hablan de su presencia desde más allá de los diez mil años A.C. Su proceso evolutivo hacia el nacimiento de la Nación, España, se enriquece con los grupos humanos antiguos que se asentaron ininterrumpidamente en la Península durante milenios; pueblos procedentes de las riberas del Mediterráneo y del norte de Europa. Posteriormente llegaron los griegos, los fenicios, norte-africanos como los cartagineses, celtas (germanos), romanos, visigodos (escandinavos) y árabes musulmanes.

++++Al iniciarse el siglo XV, años del mil cuatrocientos, la Península Ibérica se la repartían cinco monarquías: Reino de Portugal, Reino de Navarra, Reino de Aragón, Reino Moro-Musulmán de Granada y el Reino de Castilla-León, éste de mayor extensión y más poblado, y por ello el Estado preponderante, cuyo territorio abarcaba desde el extremo norte lluvioso de la Península hasta las llanuras del centro y regiones occidentales resecas, y terminaba en las playas del sur, del Mediterráneo.

++++Ocupaba el trono de Castilla-León, Juan II, de la dinastía de los Trastámara. Se consigna que fue uno de los monarcas españoles más débiles, pusilánime y con escasa vocación para el poder. Sus responsabilidades gubernativas le significaban un castigo inmerecido de la Providencia y maldecía la hora en que fue coronado Rey, pero en contrapartida era hombre culto, un artista un músico consumado, especialmente tañendo el laúd. Gustaba de leer a los filósofos y estudiaba incansablemente el latín.

++++Se necesitaba una espada y él no la portaba. Tal vacío propiciaba desorden, corrupción y anarquía, por ello se requirió de un hombre fuerte con firmeza y decisión. El señalado para acabar con el desbarajuste y salvar de la ruina al reino fue don Álvaro de Luna, de grandes dotes para el mando, culto y valiente. Con el tiempo la podredumbre que le rodeaba le atrapó y se transformó en un ser insaciable de riquezas. Llegó a acumular tal fortuna que superaba a todas las de los nobles feudales y aristócratas, considerados en conjunto. No obstante, Juan II le colmó de honores. Primero le otorgó el rango de Condestable de Castilla, la jerarquía superior en el ejército, y luego le eleva a Gran Maestre de la Orden de Santiago, Jefe de los Ejércitos de Castilla-León. Le entrega todo el poder a su favorito don Álvaro. Era preciso hacerlo. Necesitaba tiempo para rasgar las cuerdas de su guitarrón sin impertinentes al acecho.

++++Como todo gobernante soberbio y voraz, el favorito era repudiado por el pueblo. Los señores feudales conspiraban incesantemente para eliminarlo, inclusive le presentaban batalla y resultaban derrotados… Pero, al final, no fueron los nobles quienes le derribaron del poder, sino una mujer.

Veamos:

++++La primera esposa de Juan II, María, del Reino de Aragón, murió en 1445, dejándole un hijo, Enrique, que con el tiempo heredará el trono de Castilla-León. Como don Álvaro manejaba al Rey a su antojo en todos los aspectos, se dedicó a buscarle nueva esposa. Se tomó su tiempo a fin de que en la novia concurrieran dos ingredientes indispensables: primero que fuese joven, hermosa e inteligente, y además que con su casorio fortaleciera la posición estratégica del reino. Por fin, allá de las cansadas, le seleccionó a la Princesa Isabel, del reino de Portugal.

++++Efectivamente la joven tenía presencia, belleza y un carácter bien estructurado. Don Álvaro creyó que se trataba de otra princesa más que manipularía a su antojo, y ¡zas! que se equivoca. Ella no aceptó el trato dominante y hasta indigno que le dispensaba a su esposo, el Rey. Con el tiempo fue creciendo su aversión al Condestable, oponiéndose abiertamente a la manera de conducir los negocios públicos. La reina con sus secuaces le tendió una trampa en la ciudad de Burgos y en ésta cayó el favorito. Se le acusó de traición al Rey, quien firmó con dolor de su corazón la sentencia de muerte. Don Álvaro fue trasladado a Valladolid y decapitado el 2 de junio de 1453. Aunque fue un déspota, al menos había mantenido firme el timón de la nave que lograba precariamente la paz y el orden.

++++Desaparecido el favorito don Álvaro de Luna, el reino empezó a zozobrar y el Rey acabó por enfermar, y muere un año después, en 1454, expresando antes de exhalar su último aliento: “Siempre deseé haber nacido hijo de un artesano”. La Reina viuda, Isabel, le dio dos hijos a Juan II: la Princesa Isabel I (La Católica), y un varón, el Príncipe Alfonso, dos años menor que su hermana.

++++A Juan II le sucede en el trono su hijo de la primera esposa, Enrique, medio hermano de Isabel (La Católica). Antes de ser coronado como Enrique IV, siempre había sido una espina en el zapato de su padre. Era un personaje flojo, apático y sin voluntad política. Un verdadero crápula dedicado a la francachela y la molicie. Para él la vida era fiesta, bacanales y derroche. Enrique era de elevada estatura, corpulento y con ojos garzos. Le casaron a los quince años de edad con la Princesa Doña Blanca, del Reino de Navarra. Durante 13 años de matrimonio no engendraron heredero. Castilla y Europa pusieron en duda la virilidad del Rey. Al aumentar en el público las hablillas y cuchufletas por su impotencia viril y por la exigencia de contar con un heredero, Enrique IV toma la decisión de repudiar a su consorte, avalado por el Papa que le otorgó la anulación del matrimonio mediante bula (documento lacrado) que envió a su Majestad. El Santo Padre Paulo II justificó la anulación, basado en que el Rey era víctima de una práctica hechicera, de “mal de ojo”, que le impedía tener ayuntamiento con su esposa Doña Blanca. Pa’ qué más, sonrió socarrón el Vicario de Cristo en la tierra.

++++Dos años después de su anulación matrimonial le arreglan su segundo matrimonio. Quien quite y ahora sí se dé un milagro, fuera de toda hechicería, pensaban. Enrique enlaza ahora con la hermana del Rey de Portugal, la Princesa Juana, en 1455. Ella acumulaba 16 años de edad, bien hermosa, sensual, graciosa, alegre, amante de la fiesta y la fastuosidad. Llegó de Portugal en gran boato, acompañada de un racimo de elegantes y salerosas damas de honor. La dispendiosa boda se realizó en la ciudad de Córdoba, al sur, a la vera del Río Guadalquivir. El desposante ya era el Rey Enrique IV. Pasaron juntos la noche nupcial, y nada. La Reina Juana comentó: “Quedé tan entera como venía”. Corrieron los años, tantos como seis, y no llegó otra vez el heredero. El pueblo castellano perdía la esperanza de un descendiente de la pareja real.

++++Como todo espacio vacío se llena, la Reina buscó un amante en Don Beltrán de la Cueva, uno de los más apuestos favoritos del Rey, para quien los amoríos de su consorte Juana con Don Beltrán, no eran motivo para que le quitaran el sueño. Por el contrario, le colma de privilegios. Le enaltece haciéndolo Conde de Ledesma, luego Duque de Alburquerque, y más tardecito le honra con el cargo de Gran Maestre de la Orden de Santiago. Por fin, ¡eureka! La infertilidad de la Reina termina, está embarazada. Escándalo mayúsculo en el reino y la corte.

++++En los castellanos creció la incógnita, ¿de quién es el milagrito? El asunto se extendió a debate permanente en la calle y en el púlpito; que sí, que el Rey es el padre del bulto materno; que no, que el papá es el gallazode Don Beltrán. La Reina Juana da a luz a una niña en marzo de 1464, que para variar le pusieron el nombre de Juana y no Pilarica. El pueblo la llamaba“La Beltraneja”. Desde su llegada a la vida esta criatura creaba un morrocotudo problema político, un enredo sucesorio de la monarquía que desestabilizaba la paz de Castilla.

++++¿Quién era el padre de la niña? ¿El Rey Enrique o su protegido Don Beltrán? Hasta el día de hoy en el siglo XXI, la pregunta no ha tenido respuesta válida. Todo se ha desvanecido en suposiciones. En razón de que era imposible comprobar que la niña no era hija del Monarca, entonces legalmente era la heredera directa al trono de Castilla y León. No obstante, se generó una fuerte corriente de opinión popular que incluía nobles y clérigos en contra de que la niña Juana (La Beltraneja) heredara el trono por considerársele hija de Don Beltrán, y por ello ilegítima. Y por supuesto en contraparte, el Soberano y sus leales sostenían férreamente que “La Beltraneja” era hija legítima del Rey y heredaría la corona. ¿Sería una estrategia política concertada entre Enrique IV, su esposa Juana y Don Beltrán, el facilitar estos amoríos clandestinos pero públicos para garantizar un heredero que diera cauce a una sucesión tersa y suave de la Monarquía, ya que su Señoría era impotente? Nadie lo podrá saber.

++++El asunto dinástico de sucesión de Enrique IV se perfiló uno de los problemas más candentes y peligrosos de ese siglo XV de la futura España. El pueblo de Castilla-León dividido en dos bandos nacionales opuestos en forma irreductible, desembocó en sangrienta guerra civil durante diez años para resolver la sucesión. Caro se pagó por la impotencia del soberano. Si las fuerzas populares que apoyaban a Juana (La Beltraneja) y el Rey perdían la partida sucesoria, entonces los herederos al trono serían, en primer lugar, por ser varón, el Príncipe Alfonso, hermano de Isabel (La Católica) y medio hermano del Rey Enrique IV; y en segundo lugar, en línea de sucesión, seguiría por derecho Isabel (La Católica).

++++Dentro de este galimatías político de sucesión, el país amenazaba desintegrarse. Castilla-León era una potencia debilitada, desprestigiada, que había caído a un segundo orden en Europa. Enrique IV era un oprobio nacional, y su media naranja la Reina Juana vivía en flagrante adulterio con la complacencia de su marido. Los señores feudales disputábanse vorazmente el poder, las riquezas y privilegios; los sacerdotes mantenían sus concubinas, dirigían ejércitos y competían en fortuna con los nobles; sin ley ni autoridad que protegiera al pueblo, sucumbía bajo el peso de sus sacrificios y tribulaciones. La pobreza reinaba en todas partes, y sin embargo se exprimía a los súbditos para sostener a una corte parasitaria, corrupta y despilfarradora. No había justicia y por ello se la tomaba por la mano.

++++En este escenario bárbaro, sacrílego, de desorden y anarquía, hizo su entrada en la historia de España y del mundo, Isabel I, La Católica.

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