ISABEL LA CATÓLICA (Parte 5)

ISABEL LA CATÓLICA (Parte 5)

por Samuel Ocaña García

…Y porque Ella forma

parte esencial de la historia de

México y de América, hablemos

más de la Reina…

Casorio

++++Enrique IV, Rey de Castilla-León, estaba decidido a evitar a toda costa que Isabel contrajera matrimonio con el príncipe Fernando, heredero del Reino de Aragón, porque se pensaba que este reino, a través de su Príncipe, pretendía engullirse a Castilla-León mediante tal unión conyugal. El Monarca le ha ordenado a su media hermana que debe casarse con Alfonso V, Rey de Portugal. Ella escabulle semejante designio con su habitual finura. Le da largas al asunto. El Soberano le provoca para que le desobedezca, y así, acusarla de rebeldía.

++++Isabel suplica al Príncipe que debe venir a Castilla para casarse, ahora que todavía es posible. Fernando le responde que no puede abandonar el reino de Aragón, porque graves problemas le impiden viajar. Pero le reitera su conformidad con el matrimonio. La Princesa recibe la noticia como un balde de agua helada. Queda desconsolada. Al mismo tiempo el Rey le descubre toda su trama con el heredero de Aragón, y ordena que sea secuestrada donde quiera que se encuentre. Moviliza a sus regimientos del ejército en su persecución. Isabel sería acusada de conspiración contra el Rey y contra Castilla-León, juzgada, castigada con rigor, e inhabilitada legalmente para aspirar al trono. De concretarse el arresto de Isabel, ya nadie le disputaría a la Infanta Juana La Beltraneja su derecho legítimo de heredar el trono por ser hija del Monarca Enrique.

++++El ejército del Rey llegaría en tres días a Madrigal de las Altas Torres para apresar a la Princesa. Isabel no se acobarda. Enfrenta con entereza semejante peligro. Prestamente envía una carta al Arzobispo de Toledo, Don Alfonso Carrillo, pidiéndole perentorio auxilio, quién por demás, siempre la apoyó sin remilgos ni reticencias. En un santiamén reunió trescientos jinetes y partió en desbocado galope hacia Madrigal con la dudosa esperanza de llegar primero que las fuerzas del Rey. Al mismo tiempo el Almirante de Castilla-León Don Alfonso Enríquez, tío del Príncipe Fernando, al enterarse de la orden de arresto contra Isabel, presuroso envía doscientos de a caballo al mando de su hijo en rescate de la Princesa. En el camino se juntan las dos brigadas haciendo un solo cuerpo de quinientos guerreros, capitaneado por el Arzobispo de Toledo, con su inseparable capa escarlata ondeando como si fuera insignia de los expedicionarios.

++++Llegaron a Madrigal de la Altas Torres antes que el enemigo. Isabel los recibe con desbordada alegría fuera del convento que compartía con su madre, la reina viuda de Juan II de Trastámara. Su excitación de regocijo llega al éxtasis cuando el Arzobispo le hace entrega de un impresionante collar de rubíes que le envía Fernando, la joya más bella e importante del Reino de Aragón. Ella agradece al Príncipe tan fino detalle, con lágrimas. Disponiendo ya de tan formidable milicia, Isabel abandona Madrigal “…al son de muchas trompetas y atabales…” (tambores).

++++Cabalgaron por la llanura hacia el norte, en pleno agosto de 1469. Entraron en Valladolid a la puesta del sol, en gran estruendo de la fiesta popular. Desde esta ciudad, Isabel insiste ante Fernando de que deberá venir a casarse. Envía a su chambelán Gutiérre de Cárdenas y al cronista Palencia a que se entrevisten nuevamente con el Príncipe en Zaragoza, y que le informen de lo grave de los acontecimientos. Fernando comprende finalmente que nada debía demorarle más tiempo. El viaje de Zaragoza a Valladolid era peligroso en sus trescientos kilómetros. Los hombres del Rey desparramaban por todas las ciudades, villorrios y caminos, todos sobre aviso para que se capturase tanto a Isabel como a Fernando. Cual forajidos.

++++El Príncipe decide partir de inmediato a Valladolid. Prepara cuidadosamente su plan de viaje. Por casualidades del destino, el hombre que durante su vida, hizo del fingimiento, la falsedad, el engaño y la prepotencia sus instrumentos favoritos para lograr sus objetivos, entra a la historia universal precisamente vistiendo un disfraz. Le acompañan en su travesía seis auxiliares simulando ser comerciantes ambulantes y una pequeña recua de mulas cargadas de costales y bultos. Fernando representaba el papel de arriero, vistiendo ropas mugrientas y un andrajoso capuchón que le permitía esconder parcialmente su cabeza y hombros. Antes de emprender el viaje, su padre, Juan II de Aragón, le corona Rey de Sicilia, para que llevara su voz completa y su imagen fuese más impactante ante su prometida. En los mesones y casas de huéspedes a la vera del largo camino, él servía las mesas a su grupo, y atendía a las bestias de su recua con agua y pasturas. Se responsabilizaba de uncir a las mulas, y con ayuda, cargaba las mercancías sobre los aparejos. Dormía en el suelo a diferencia de sus ayudantes que lo hacían en camastros. Viajaban de noche y seguían el sendero que traza el Río Duero hacia el poniente, río que desemboca en Oporto, Portugal. En varias ocasiones toparon con bandas armadas del Rey que les interrogaban y revisaban sus fardos sin encontrar sospecha. El 7 de octubre de 1469 llegan a Burgos de Osma, villa Castellana leal a Isabel. Tocaron con energía el portón de la muralla. El vigía de una torrecilla sobre la alta barda de la muralla les confunde como gente del Rey. El centinela deja caer un gran pedrusco en dirección a Fernando, separado un poco del grupo, y que si no le advierten con terríficos gritos de que se moviera, su cabeza hubiera sido machacada. De un salto esquiva la muerte. Juventud divino tesoro. Luego les franquearon la entrada.

++++Cinco días después de que partieron de Burgos de Osma, pasando por Dueñas, llegaron a Valladolid anocheciendo. El Arzobispo de Toledo Don Alfonso Carrillo recibe a Fernando a la entrada de la casa de Don Juan de Vivero, donde se aloja Isabel. Desde luego el Príncipe ya no vestía harapos. En Dueñas le habían prestado indumentaria, que si bien no era propia para un Rey, él lo era de Sicilia, sí se presentaría con decoro ante su amada. La Princesa os espera, su Alteza, díjole el Arzobispo de Toledo, y me ha encargado que os introduzca a su presencia. A la luz de las antorchas de madera de ocote, el prelado anuncia: “¡Su Alteza!, en su presencia tenemos a Don Fernando, Rey de Sicilia, y Príncipe heredero del Reino de Aragón”.

++++Los dos se miraban por primera vez. Estaban nerviosos y fugazmente inseguros de sí. Durante segundos, ella permanece inmóvil estremecida por la intensidad de sus emociones. Le ofrece su mano de bienvenida. Él la toma, y sobre el dorso la besa, servido de discreta inflexión de su torso en actitud reverente. ¡Con todo mi corazón os doy la bienvenida querido Príncipe!Isabel escudriña con ansia al ser que amaba en silencio desde muchos años; a quien sin haberle visto, le había entregado su devoción, sus mejores pensamientos y sus rosadas ilusiones.

++++Ella cavilaba ¡qué joven tan buen mozo! A él le resultó más bella y encantadora que la imagen que se había formado por los informes que repetidamente había recibido. Isabel se acercaba a los 18 años. Su cutis era blanco y terso, su cabello rubio rojizo, su largo cuello le apoyaba para presentar señorío y distinción. Sus ojos eran verde-azules, muy bellos; su estatura, digamos que era normal. Nada más, normal. El príncipe Fernando, erguido, con espada al costado y su montera en mano, era un poco más bajo que ella. Realmente era chapo, y por esto era como era. Su estampa definía un adolescente fuerte, musculoso, macizo, de mirada penetrante que expresaba entereza y carácter. Su cabello negro, ojos castaños y su frente amplia, despejada. Un año más joven que Isabel. Cumplía los diecisiete. La Princesa decía que lo había encontrado hermoso. Muchos eran los temas de los que tenían que hablar, por ello, Fernando permaneció con su prometida hasta las dos de la madrugada. El volvió a Dueñas, y regresó cuatro días después, en calidad de Rey y pretendiente formal a la mano de la Princesa, sin exhibir la deslumbrante pompa que él hubiera querido, pues las circunstancias de escasez así lo imponían.

++++La boda debía realizarse cuanto antes, porque de un momento a otro podrían llegar los soldados del Rey para evitarla y a la vez aprehender a los pretensos. Se trataba desde luego, del matrimonio más importante de la historia de Castilla-León y del Reino de Aragón. Las tres naciones, integradas con las nupcias, darían nacimiento a una sola patria, España, la eterna España. Para los gastos del casorio pidieron dinero prestado a los potentados de Valladolid. Era imprescindible ofrecer un gran banquete al pueblo, y ornamentar la ciudad a la par del júbilo popular.

++++Pero antes del enlace debería de resolverse el problema de la consanguinidad, por ser Fernando e Isabel, primos Trastámara. Se requería disponer urgentemente de unabula papal, de dispensa u olvido de la cercanía genética. Se ha tardado la bula, le dice Isabel al Arzobispo de Toledo, y sin ella no se podrá realizar nuestro matrimonio. Debemos postergarlo ¿Postergarlo? cuestionó atónito su Ilustrísima. Eso no será posible, Su Majestad. Si retardamos la boda, jamás se celebrará. Llegarían los ejércitos del Rey a impedirla y arrestarían a su Alteza. Su Reverendísima, ¿cómo podríamos casarnos sin la dispensa del Papa?; no podemos pasar por encima de los cánones eclesiásticos. El Arzobispo prefirió el silencio. Había conocido a Isabel más que de devota, casi beata, pero ignoraba su convicción profunda de respeto y acatamiento a las leyes que imponía la Iglesia. El Arzobispo cavilaba respecto del cómo resolver este inmenso obstáculo. El clérigo al fin tomó una decisión. No temáis Alteza, que la bula papal de dispensa por la consanguinidad llegará a tiempo, antes de que se presenten las fuerzas del Rey. Su Ilustrísima, realmente no sabría yo qué hacer sin Vos, le retribuye Isabel.

++++El Arzobispo de Toledo se recluye en sus habitaciones y escribía, y lo hacía muy lentamente, y con sumo cuidado y delicadeza. Horas y horas escribiendo. Por fin abandona papeles, plumas y tinteros. Observó su trabajo. ¡Perfecto!, se dijo. Enrolló el pergamino y se encaminó a las habitaciones de Isabel. Su Alteza, exclamó, nos ha llegado de Roma la bula de dispensa. Podréis casaros de inmediato. ¿El que los hijos pudieran nacer con taras físicas o mentales? Eso, eso qué importa. Lo importante es la boda por el bien de Castilla, León y Aragón. ¡Qué feliz me hace la bula, querido Arzobispo! Nada me place más que casarme con Fernando y tener la paz de mi espíritu con nuestra santa madre Iglesia. Del santo Padre de Roma, jamás esperaría que dejara de ampararnos. El Arzobispo era hombre convencido de que cuando la Divina Providencia se olvida de enviar un milagro desde el cielo, con el perdón de Dios, a veces es necesario que algún súbdito participe en suplencia para que la misericordia del Señor resplandezca.

++++La boda se celebra el 19 de octubre de 1469. El oficiante fue Don Alfonso Carrillo, Arzobispo de Toledo. La casa prestada de Don Juan de Vivero resultó insuficiente para la muchedumbre ávida de ver a los apuestos novios radiantes de felicidad. Por fin, los reinos de Castilla, León y Aragón habíanse unido. El pueblo paseó su júbilo cuando les acompaña por las calles de Valladolid hacia la Iglesia. Después almorzaron en campo abierto para que sus súbditos se deleitaran observando a tan rutilante pareja. Durante varios días el respetable bailó, cantó y corrió el vino por sus gargantas resecas ávidas de humedad para poder seguir aclamando a quienes abrirían una etapa gloriosa de la Historia de España…

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Capitulo anterior: https://www.ajedrezensonora.com/2011/05/isabel-la-catolica-parte-4/

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