ISABEL LA CATOLICA (Parte 4)

ISABEL LA CATOLICA (Parte 4)

por Samuel Ocaña García

…Y porque ella forma

parte esencial de la Historia

de México y de América, hablemos

más de la Reina…

El Acoso

++++Trasladaron el cadáver del príncipe Alfonso desde Cardeñosa a Arévalo. Tan pronto concluyó el sepelio, Isabel La Católica se dirigió a Ávila y se encerró en el convento de Santa Ana. La muerte de su hermano había modificado radicalmente su situación personal en el complejo y turbulento escenario de guerra civil, que no conseguía definir al sucesor del Rey Enrique IV. De pronto Isabel se encontraba cerca del trono.

++++Sólo la infanta Juana La Beltraneja estaba frente a Ella, empujada hacia su coronación por su presunto padre, el Monarca. El asesinato del infante Alfonso no se investigó. Como se ve, la impunidad nos llega a la Nueva España por herencia desde 1521, cuando cae Tenochtitlán en manos de Cortés. Y de ahí pa’l real. ¿A quién benefició la ausencia del príncipe?: Benefició al Rey porque quedó eliminado su principal enemigo y medio hermano, que con guerra quería derrocarlo; y sirvió también a Isabel, que en los hechos, daba un paso más hacia el trono, dado que el príncipe Alfonso le antecedía en sus derechos de sucesión. ¿A quién dañó la desaparición del príncipe rebelde?: Evidentemente a Isabel su hermana, y tal vez a los nobles y clérigos levantiscos que habían perdido la bandera que cohesionaba su movimiento de rebelión. Por lo demás presumiblemente quedaron consternados y abatidos.

++++Su nuevo objetivo era encontrar el sustituto de Alfonso, que fuese igualmente dócil y obediente, y luego sentarlo en el trono después de la derrota del Monarca. Naturalmente que apareció en la mira de los insurrectos la princesa Isabel. No había otro candidato supletorio a escoger. No podrían haber pensado en Juana La Beltraneja porque contra ella era la guerra. Los nobles cuarteleros sabían de sobra que la infanta Isabel jamás había aprobado la guerra de su hermano Alfonso contra su medio hermano el Rey. Ella amaba a su hermano Alfonso, pero en conciencia lamentaba el desatino de haber permitido que se le ungiera monarca ficticio de Castilla-León en los llanos de Ávila, y de servir de marioneta a los intereses personales del grupo de ambiciosos encabezados por el Arzobispo de Toledo. A pesar de la conocida posición política y personal de Isabel, decidieron ofrecerle la Corona. Consideraban que no resistiría el imán que significaba imaginarse sentada en el trono de Castilla-León. Utilizarían la oferta como un señuelo para despertarle codicia.

++++Pocas semanas había pasado Isabel en el convento, cuando el Arzobispo de Toledo le solicita audiencia. Ella lo recibe con sospecha. Intuye la misión del prelado. Él hace lo posible por parecer humilde, reprimiendo su proverbial altivez. Su alteza, cuánto lo siento. Mis amigos y yo nos unimos a vuestro dolor. Creo, externa Isabel, que mi hermano estaría vivo si no se le hubiera proclamado Rey sin derecho a serlo. Es verdad Alteza, no habría estado en Cardeñosa donde perdió la vida. Isabel le enmienda, podríamos decir que no la perdió, sino que se la quitaron. Así es, vivimos tiempos peligrosos. Por ello Alteza, necesitamos un gobierno de conducción enérgica, que produzca orden. Isabel soslaya la intención del Obispo, y le reitera, participo de creer, su Señoría, que mi hermano Alfonso no estaría muerto si hubiera contado para su ascenso al trono con la bendición de Dios nuestro Señor todo misericordioso. ¿Quién puede saberlo Alteza? Mientras recordaba que fue Él quien bendijo y colocó la falsa corona sobre las sienes del príncipe en Ávila, el 5 de julio de 1465, el jerarca esquivó el dardo recriminatorio. No se dio por aludido. No aceptó un átomo de corresponsabilidad en el destino trágico del Príncipe niño.

++++Por fin el Arzobispo de Toledo, se anima a cumplir con el objetivo de su cita. Su Alteza, soy el conducto de mis amigos confederados para hacerle de su saber, que para nosotros y para los súbditos del Reino sería de gran honor que nuestra querida princesa aceptara ser proclamada Reina de Castilla y León. Ella se pone tensa y su mirada llameante la fija en los ojos del atrevido Arzobispo. Se sentía agredida en su inteligencia y soberanía personal. Se dolía que pretendieran disponer de su destino y de su dignidad.¿Repetir lo que se hizo con mi hermano Alfonso en los llanos de Ávila? No su Ilustrísima, tal cosa no podrá suceder“Volved el reino a Don Enrique mi hermano, y así restituiréis a Castilla la paz. Más si me consideráis digna hija del rey Don Juan II de Castilla y León, mi señor y padre, haced que el Rey mi hermano, y los nobles y prelados para después de su vida –ojalá sea larga–, me declaren por sucesora del Reino”. El Arzobispo quedó sorprendido y desconsolado. No podía creerlo. No entendía como una adolescente de 17 años hubiera rechazado ser reina de Castilla-León, ya que de otra forma, que no fuese con guerra, jamás llegaría a ser reina porque en la ley de sucesión, le antecedía en derechos al trono la infanta Juana La Beltraneja. Isabel veía y observaba los acontecimientos en perspectiva del tiempo. Su negativa para prestarse a una nueva mascarada de coronación mostraba su equilibrio y madurez, no obstante vivir su adolescencia. Su postura de rechazo a encabezar la rebelión contra su medio hermano el rey, impactó en los entornos de Castilla, y le valoraron sus altas prendas políticas y humanas.

++++Los caudillos de la insurrección al no disponer de Isabel como sustituto de Alfonso decidieron que el mejor rumbo de tomar era vender la guerra a cambio de la paz. Al cabo el Rey siempre anhelaba la paz. Llegarían a terreno abonado. Poniendo manos a la obra, el Arzobispo de Toledo Don Alfonso Carrillo y su sobrino Don Juan Pacheco Marqués de Villena, solicitaron audiencia con el Monarca Enrique IV. Se les dio fecha de la cita. Pero sucede que el Marqués de Villena, como leal chapucero se anticipa un día a la fecha de la audiencia, a escondidas de su tío el Arzobispo. El Monarca se sorprendió de que se presentara solo y con antelación al día de la entrevista. Sin embargo recibe al Marqués, su antiguo tutor y guía cuando adolescente, con alegría y afecto. En tanto el Marqués arquea su lomo en larga y profunda reverencia, el Monarca le dice, me satisface amigo mío volverle a saludar y pensé que también me placería tener la oportunidad de ver a su ilustrísima el Arzobispo de Toledo, como se me había informado. Majestad, su Reverendísima se sintió algo aquejado de su garganta. Ruego a Usted querido Marqués pudiera hacedme el honor de presentarle mi ferviente deseo de su pronto restablecimientoAsí será su Majestad. Decidme querido Marqués ¿en qué podría yo ser su servidor? Su Majestad, os pido su benevolencia y gracia para que yo pudiera reintegrarme a su lado y servirle con lealtad en estas horas aciagas para vuestra Majestad y su Reino.

++++El Rey Enrique enternecido le responde que su ausencia le había producido profundo pesar y que ahora lo acogía en la Corte en la esperanza de que su talento ahuyentase sus angustias de gobierno que le permitieran tener sosiego. Majestad, os agradezco vuestra generosidad de concederme su confianza para servir con humildad a vos y a Dios nuestro Señor. Por otra parte considero de mi obligación informarle que en el villorrio de Toros de Guisando, donde vos se reunirá con los nobles que le hacen la guerra, se os pedirá que aceptéis ciertas peticiones y favores para que sea posible la terminación de la guerra. Su Majestad y Castilla merecen la paz. Si las exigencias os parecen exageradas o fuera de la posibilidad de ser cumplidas, en tal caso, yo recomendaría a su Alteza que sería conveniente aceptarlas por el momento. La paz sobre todas las cosas, Alteza. Recordemos que en todo caso el tiempo ayuda a cumplir lo imposible. El Soberano sonrió, sí, muy deseable la paz para Castilla, querido Marqués. Villena había cometido traición una vez más. Ahora abandonaba su campo de guerra, contrario al Monarca, y en seguida se lanzará, con toda frescura, a defender los intereses del mismo Rey, a quien ayer combatía. En la mente de Villena nunca hubo conflictos morales o éticos. Para él lealtad y traición significaban lo mismo. Eran sinónimos. Estar en un terreno o en el otro era saludable. Se resolvían problemas.

++++La reunión en Toros de Guisando, se llevó a cabo dos meses después de la muerte del Príncipe. Allí Su Alteza abrazó con gran ternura a Isabel.Hermana, le dice, nos encontramos con el dolor de la pérdida de nuestro hermanoDios sabe que yo no guardaba resentimiento alguno contra Alfonso.Hermano, interviene Isabel, en Castilla no hay ni debe de haber otro monarca que no seáis vosQué bueno Isabel que coincidimos, sois tan buena como prudenteDebo decirte Isabel que me place y me llena de gratitud, el que hayáis rechazado el ofrecimiento que a vos hicieron mis enemigos de enfrentaros contra el ReyEnrique, mi único Rey sois vos. Luego entraron en deliberaciones los dos bandos enfrentados. En seguida el Arzobispo de Toledo anuncia a la concurrencia los puntos de acuerdo, que de cumplirse, cancelarían la guerra civil y sellarían la paz: Se reconoce a la infanta Isabel heredera al trono de Castilla-León. Se le donan“…para sustentar su hacienda, las ciudades de Ávila, Medina del Campo, Olmedo, Huete, Molina, Escalona y Úbeda…” Se convocará de inmediato a las cortes para ratificar la posición de heredera directa a la Infanta. Jamás se le obligaría, por el Rey, a contraer matrimonio contra su voluntad. El Soberano Enrique se separará de su esposa la reina Juana, madre de Juana La Beltraneja y será enviada a su patria, Portugal, a causa de la vergüenza pública que ella significa por su liviandad y escaso recato en el manejo de su vida privada; por su insaciable búsqueda de amantes donde fuere que se encontrara. Se decía que reclutaba amantes como reclutar soldados. El Rey la consentía. La Princesa Isabel no se casaría sin el consentimiento del Monarca. Estos compromisos o “estipulaciones” fueron jurados bajo el manto divino de la Iglesia, creado por el Arzobispo de Toledo. Los acuerdos fueron firmados y sellados por el Rey y los nobles rebeldes. El Nuncio Papal Don Antonio de Veneris leyó una bula del Papa dispensado el juramento que, presentes y ausentes habían hecho a Juana La Beltraneja, recién nacida, en 1462, hacía seis años. Luego Enrique IV directamente juró a Isabel como su único y verdadero sucesor del trono. Los nobles de la parte y contraparte, y los prelados se arrodillaron ante la nueva heredera de la Corona. Isabel leyó un documento que había redactado muy cuidadosamente y que entre otras cosas dice: “…por respeto de la paz e de la folganza de todos, que a mí me place que el Rey mi hermano aya este título quanto viviere e que yo por agora me contento con el título de Princesa…”. Terminando el cónclave, Isabel y el Rey comieron juntos. Por segunda vez el Monarca testimoniaba con firma y sello que la Princesa Isabel sería la heredera, y por lo mismo, reconocía que la infanta Juanita La Beltraneja no era hija suya. Días después de la firma del tratado, el Rey empezó a faltar a su palabra. No entregó a Isabel sus ciudades y castillos, para que los ordeñara en su personal provecho. Si bien el Rey convocó a las cortes para que decretara que en Isabel recayera la Corona, de inmediato trató de disolver a este cuerpo colegiado, pero no pudo lograrlo. El Monarca lo dispuso todo para “…anular e destruir lo asentado con apostólica autoridad cerca de Toros de Guisando…”No reconoció nada de lo convenido. De esta forma, cachazudamente le echó leña a la lumbre, reanudándose con ferocidad las hostilidades contra La Beltraneja y su sedicente padre.

++++Isabel desesperaba con la manera veleidosa y falsa de gobernar del Rey. Pero no sólo desconoció los acuerdos, sino que al mismo tiempo se dirigió secretamente a Alfonso V Rey de Portugal instándole a pedir de inmediato la mano de Isabel. Poco tardó en llegar la comitiva peticionaria. El embajador presionó con argumentos los más persuasivos. Ella los esquivó con suavidad. Adujo por lo pronto, consanguinidad con el Rey Portugués, a quien también le circulaba sangre Trastámara. Se requería bula papal de dispensa. Bueno esa bula tardaría en lo que un caballo iba y venía de Roma. Tiempo suficiente para pensar en otra traba para los enamoradizos. Pero Isabel no decía que no, pero no decía cuando. El pretendiente de la adolescente princesa era obeso, cargado en años, y tenía un hijo mayor de edad. Ella quería matrimonio con Alfonso, de Aragón, y se preservaba para él no obstante las órdenes terminantes del Rey de que su Alfonso era el de Portugal. El embajador portugués se retiró a Lisboa molesto y derrotado. Su Rey quedó ridiculizado, y el Rey Enrique se puso sulfuroso, y ordenó a su otro yo, el Marqués de Villena, que encarcelara a Isabel. La casaría, con Alfonso V quieras que no. Isabel residía por una temporada en la Villa de Ocaña, a 60 kilómetros al sur de Madrid. Llegó el ejército de Villena, rodeó el Castillo y quiso invadirlo para apresar a Isabel, pero el pueblo se amotinó violentamente e impidió que se ejecutara la orden. Y alégale. Las resistencias populares, cuidado… El Rey Enrique quería que su hermana fuera reina consorte de Alfonso V para neutralizarle y darle cauce a la coronación de su hija, la Infanta Beltraneja. Pero no era cosa de que lo haré, y al cabo y qué, porque el Rey Luis XI de Francia se oponía a tal casorio, en razón de que Portugal era aliado de Inglaterra, y éste guerreaba contra Francia, y una alianza Portugal-Castilla fortalecería a los anglosajones. Los galos no permitirían tal alianza con una boda. Como Isabel ya había sido votada por las cortes como sucesora al trono, en cumplimiento de los acuerdos de Toros de Guisando, de repente algunos reinos europeos descubrieron que la princesa ahora se había vuelto más bella e interesante.

++++Así fue que Inglaterra envía embajadores pidiendo la mano de Isabel para Ricardo de Gloucester, hermano del Rey Eduardo IV. Lo mismo hizo el Rey de Francia Luis XI, que solicitó a la princesa para esposa de su hermano y heredero, el Duque de Berri. Ella les respondía con evasivas, que había que reunir a las cortes para su autorización, que se requería recoger la venia de los nobles, que estaba comprometida con Alfonso de Aragón… Así se los fue llevando, se los fue llevando. A Isabel se le estaban agotando las disculpas. Había un deseo popular generalizado de que la Princesa debía ya de empezar a formar su familia, puesto que estaba más allá de la edad de merecer. Estaba por cumplir 18 años, en la flor de su juventud, lozana y fuerte. Ella no era reacia al matrimonio. A nadie más que al Príncipe, le entregaría su corazón y vida.

++++El Marqués de Villena, nuevamente alter-ego del Rey, desesperaba y se tornaba cada vez más agresivo mientras más avanzaba el tiempo sin lograr amarrar con boda a Isabel. Ella vivía en el castillo de la Villa de Ocaña, prácticamente secuestrada. Tenía prohibido abandonar el alcázar. El Monarca la incitaba para que cayera en la trampa de desobedecerle en su mandato de que debía casar con el Rey de Portugal. Quería tener una prueba pública de desobediencia para declararle legalmente inhabilitada para la sucesión. Oportunamente llegó un pretexto para escapar de la soga que iba apretándose en torno suyo. Se le concedió permiso, debidamente resguardada, para que asistiera a la inhumación de los restos de su hermano Alfonso, que serían trasladados de Arévalo a Ávila. Antes de llegar a Ávila fue avisada de que el castillo a donde llegaría había sido tomado por el ejército del rey. Ello le obligó a rebasar a Ávila, y refugiarse en el poblado de Madrigal de las Altas Torres, más al norte, donde ella nació el 22 de abril de1451. El Soberano envió al Obispo de Burgos para que se le vigilara día y noche, y se le estuviera informando de los movimientos y diligencias que hiciera. El acoso se volvió asfixiante y cada vez más amenazante. Ella endureció su proceder para enfrentar el permanente peligro para su vida. Isabel sostenía que si el rey, su medio hermano, había desconocido públicamente sus compromisos firmados en Toros de Guisando, entonces ella se consideraba liberada del deber de solicitar al monarca su visto bueno para casarse con quien quisiere.

++++Isabel, con el consejo de varios nobles y de su confesor Tomás de Torquemada –después eficacísimo primer inquisidor de España– tomó la decisión, la más importante de su vida, la de comunicarse directamente con el Príncipe Alfonso, en Zaragoza, sede del reino de Aragón. Estaba resuelta a casarse ya, antes de que todo se tornara imposible. Con toda la carga emocional y una lacerante duda de la respuesta que diera el Príncipe, envió un mensajero con la súplica de que viniera a casarse. Los caminos estaban plagados de agentes, soplones y brigadas de a caballo revisando cuanto se considerara sospechoso. El mandadero pudo escabullirse y entregar el recado. Isabel sufría en desasosiego por la incógnita de la respuesta que le daría el Príncipe.

++++Fernando le contesta que deseaba vehemente contraer matrimonio, pero sus compromisos en Aragón le impedían dejar su Reino, pues su padre Juan II estaba prácticamente ciego, su madre gravemente enferma, la provincia de Cataluña se había sublevado y Francia acababa de invadir y apoderarse de la región del Rosellón.

++++Desconsolada y abatida recibió la noticia. Y como si no fuera mucho, otro golpe más cayó sobre ella. El Rey Enrique había descubierto toda la trama entre ella y el extranjero heredero del Reino de Aragón. Sus tropas avanzaban sobre Madrigal de las Altas Torres para secuestrar a Isabel. Sería acusada de conspiración y desobediencia al Rey. Sería encarcelada, juzgada e inhabilitada legalmente para heredar el trono. Y tras las rejas, bien podrían ofrecerle de alimento alguna exquisita trucha, aderezada con algún menjurje como se la habían dado a su hermano Alfonso para entiesarlo en Cardeñosa, hacía pocos meses…

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Capitulo anterior: https://www.ajedrezensonora.com/2011/04/isabel-la-catolica-parte-3/

 

 

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