ISABEL LA CATOLICA (Parte 3)

ISABEL LA CATOLICA (Parte 3)

por Samuel Ocaña García

…y porque Ella forma parte

esencial de la historia de México

y de América, hablemos más de la Reina…

La guerra por el poder

++++En entrevista con el Rey Enrique IV, su medio  hermano, Isabel (la Católica) no logró que revocara la decisión de que debía contraer matrimonio con Don Pedro Girón, Gran Maestre de la orden religiosa y militar de Calatrava; hermano de Don Juan Pacheco, Marqués de Villena y sobrino del Arzobispo de Toledo, Don Alfonso Carrillo, caudillos de la rebelión contra el Monarca. Para el Soberano, la boda de Isabel con Don Pedro significaba la conclusión de la guerra civil que derramaba la sangre de un pueblo noble y manipulable, en cuyo fondo de la tragedia imperaba la ambición y la codicia de cúpulas que solo defendían sus intereses familiares, sus riquezas, sus abusos y sus privilegios. El Rey avizoraba, con la llegada de la paz, no solo evitar el desgarramiento social y la destrucción del Reino, sino que al lograr neutralizar al bando rebelde y nulificar a su hermano Alfonso como portaestandarte de la rebelión. Limpiaría el camino de obstáculos para que su supuesta hija Juana la Beltraneja le sucediera en el trono.

++++Isabel se recluyó en sus aposentos del Palacio Real de Madrid, abrumada y aturdida por el impacto recibido de unas nupcias que tajantemente rechazaba, pues tal evento se contraponía con su compromiso de amor y enlace con el Príncipe Fernando (El Católico), heredero directo de los reinos de Aragón y de Sicilia. Aterrorizada, la Infanta se sumió en un estado de depresión psicológica creciente en la medida en que se consumían los días y se acercaba la fecha del desposorio. Apenas pasaba bocado. Perdía peso. Se perfilaba demacrada, pálida, y difícilmente conciliaba a ratos el sueño. Desfilaban los días tendida en su cama, sin deseos de conversar con nadie; entregada al ruego de oración y a descargar su dolor en el llanto. Isabel rogaba al Señor la llevara  con Él  para eludir el destino aberrante que le imponía el Rey. Sus ayas madrinas, empezando por Beatriz de Bobadilla, compungidas por la suerte de su ama, imaginaban soluciones felices para rehuir la pesadilla que representaba Don Pedro Girón, afamado en Castilla-León por libertino y libidinoso, aún con sus votos de castidad.

++++Y Fernando, la ilusión de su vida, ¿dónde estaba? ¿Estaría informado del desastre que estaba a punto de abatirse sobre Isabel? ¿Le importaría lo que le estaba sucediendo a su prometida? ¿Sería para Él sólo un matrimonio políticamente ventajoso? Si se enterara que la perdía en manos de Don Pedro Girón, ¿se encogería de hombros e iniciaría la búsqueda de otra novia? Isabel, extraviada en sus sueños desesperados, animaba incierta esperanza de que Fernando llegase a su auxilio a salvarla. No, Él no llegó.  Estaba guerreando al lado de su padre Juan II, tratando de sofocar la guerra civil en el Reino de Aragón. No podía abandonar a su progenitor so pena de derrumbe del Reino.

++++Su gran consuelo y pañuelo de sus lágrimas en esos días de terror, fue Beatriz de Bobadilla, su amiga y confidente. No se separaba de su lado. Por las noches se recostaba a los pies de su cama. Durante horas y noches enteras en vela conversaban y formulaban en su desesperación ideas fantásticas y descabelladas de cómo podría esquivar el casorio con Don Pedro: que si huían del palacio con cualquier pretexto o sobornaban guardias; que tal vez podría  llegar Fernando en su caballo a rescatarle descolgándose Ella de una ventana; que si rogando con mayor fervor a la Santísima Virgen María, Madre de Dios, lograrían que intercediera en la mente del Rey para que invalidara la orden de esponsales; que Dios se apiadase de Ella por ser tan fiel devota y a cambio le desapareciera del mapa, de algún modo, a Don Pedro; que si… Beatriz de Bobadilla frecuentemente le reiteraba que la boda no sería. Tenía férrea fe en que ya encontraría la manera de evitarla. Isabel no se casaría con Don Pedro. Beatriz lo juraba. Se acortaban los días para la boda y la Infanta incrementaba la profundidad del peso de su congoja. No tengo escapatoria, no hay escapatoria, murmuraba para sí. Isabel repudiaba que su medio hermano la manejara como una moneda de cambio. El Rey la entregaba a Pedro Girón y en reciprocidad obtendría la terminación de la guerra civil.

++++El esposo de Beatriz, Don Andrés de Cabrera, llegó a visitar a su  mujer que no veía desde que la princesa entró en abatimiento y cama. Recibió a su consorte con expansiva efusión de cariño y ternura; le arropó en emotivo abrazo. Isabel le recibió postrada, y le expresó su placer de verle porque confortaba sus pesares. Andrés se sintió conmovido e impresionado del deteriorado estado físico y su evidente desánimo para encarar la cotidianidad… Su serenidad y porte señorial estaban ausentes. También a su esposa Beatriz la observaba ensimismada en pensamientos que no externaba. Don Andrés se alarmó. En un interés de servir y encauzar por sendero más benigno el escenario de tristeza en el aposento, se aventuró a recomendar a su alteza que hiciera el sacrificio cristiano de aceptar su difícil destino forzado por el Rey, a fin de que reconstruyera su vida. Su esposa le atajó, espetándole que cómo era posible que se expresara en tal talante, cuando Isabel, maltrecha y lacerada de su alma, cargaba una pesada cruz que solo Dios podría liberarle.

++++Andrés se acerca a su esposa en sus habitaciones y la atrae en tierno abrazo de comprensión de sus motivaciones y en solidaridad de sus sentimientos. Pero a la vez se percata de que en los pliegues de su corpiño esconde algo duro. Le sonríe a su marido, al tiempo que introduce su mano derecha y extrae una daga. Andrés se horroriza y palidece. Ella le expresa que se ha hecho a sí misma el compromiso de que jamás Don Pedro Girón tocará con sus sucias manos a su bien amada Isabel. Don Andrés no consigue de su mujer el verduguillo. Él la amaba tiernamente. La conocía bien y sabía que sus palabras no eran meros desatinos y simulaciones. Ella era audaz y valiente, y convencido estaba de qué, llegado el momento, sería capaz de hundir su cuchillo en el corazón de Don Pedro. No pudo disuadirla de realizar tal despropósito.

++++Don Pedro Girón, en su caminata hacia Madrid pensaba en ella. Recordaba el día en que Isabel, oculta tras las cortinas de la sala recibidor de la Reina Viuda, vio cuando Él trataba de embaucar y convencer a su madre, afectada de desequilibrios mentales, de que se constituyera en su amante. Horrorizada la niña abandona las cortinas y se planta frente a Don Pedro, lanzándole fulminante mirada cargada de ira, desde sus hermosos ojos garzos. ÉL no podía olvidar la mirada de reproche de la Princesa. Él le enseñaría a no ser desdeñosa, y pronto aprendería a reconocer quién era el amo y señor de la casa. Así se entregaba a sus sueños de sensualidad, a la contemplación de una próxima relación, tanto más seductora cuanto que la compartiría con tan reticente princesa, púdica y recatada.

++++El convoy religioso militar de Don Pedro Girón dispuso acampar la primera noche en el pueblecito de Villarrubia, muy cerca de Ciudad Real, y ésta a 200 Km. al sur de Madrid. Ya estaban esperándole en digna recepción algunos miembros de la Corte del Rey Enrique IV, dispuestos a acompañarle en su caminar. Don Pedro observaba henchido de satisfacción el trato obsequioso y almibarado que recibía de los cortesanos. Ya se valoraba en su  nueva fuerza de poder, aun cuando faltaban días para emparentar con la sangre azul de la familia real. Le parecía natural y obligado que los cortesanos embajadores le rindieran especial alabanza y pleitesía. Don Pedro hizo llamar a su presencia al tabernero, ordenándole qué deseaban Él y su séquito una exquisita y abundante cena, y lo mejor de sus vinos. Espantado, el hombre apenas le pudo manifestar que estaban advertidos de su llegada y habían trabajado todo el día para ofrecerle a su Señoría y acompañantes el mejor de los servicios que tan egregias personalidades eran merecedores.

++++El festín de la noche se elevó con creces en las expectativas esperadas por los comensales. Don Pedro Girón dio cuenta ejemplar de exquisitas carnes y libó hasta perder la vertical. Alcanzó a felicitar al tabernero por su generoso menú. Vencido por el peso estomacal y el sueño, sus ordenanzas le trasladaron en vilo a su cama. Jamás volvió a ver la luz del día. Todo fue quejarse de intensos dolores en el vientre, vómitos y soltura. Algún aderezo excesivo en la carne o en el vino perturbó su digestión. A las pocas horas murió.

++++Don Andrés de Cabrera, para informe de la Princesa, llevó la noticia a su esposa Beatriz. Al recibirla, Ella se marea. Se tambalea un poco. Se turba su lucidez. Luego recobra su garbo y altivez consustanciales a su naturaleza. Volvió a mirar a su esposo. En los ojos negros de su mujer se leía orgullo y gratitud, y un infinito amor por Él. ¡Su Alteza!, exclama su dama de honor, ya no habrá matrimonio. ¿Qué decís? ¿Cómo? ¿Por qué? En Villarrubia Don Pedro Girón murió. Isabel, en desconcierto, exhalaba: no puedo creerlo, no puedo creerlo, es un milagro, es un milagro. ¿De qué murió? Pregunta. Digamos que fue obra de Dios, respondió Beatriz. Nuestras plegarias han sido atendidas, Alteza. Ella se levanta con dificultad de su cama. Beatriz le auxilia para  llevarla a su reclinatorio. De rodillas reza y da gracias a Dios y a la inmaculada Santísima Virgen María por su libertad concedida. Beatriz y su esposo Don Andrés de Cabrera permanecían de pie tras Ella.

++++El Arzobispo de Toledo, Alfonso Carrillo, y su sobrino Juan Pacheco, Marqués de Villena, se encerraron a llorar juntos la muerte de Don Pedro Girón, más por cólera que el dolor por el difunto. En mofa popular se transformó el fracaso de la intención de emparentar con la familia real. ¿A quién benefició la muerte de Don Pedro? Desde luego a Isabel La Católica y al Príncipe Fernando del reino de Aragón y Sicilia, su comprometido. ¿A quién perjudicó? A los nobles en rebelión, y a la contraparte, el Rey Enrique, pactadores para la terminación de la guerra civil. De haberse cumplido el acuerdo de boda, el Príncipe Alfonso en rebelión, habría sido juzgado y decapitado por traición al Rey. Y en su caso, ya rendidos los opositores, Juana La Beltraneja no sería impugnada para acceder al trono de Castilla-León. Se acabaría su ilegitimidad. Todo se derrumbó. Los alzados propusieron la paz y les responden con asesinato. En consecuencia la guerra seguiría. Los insurrectos con Alfonso a la cabeza, de trece años, se organizaron en batalla en las llanuras de Olmedo, a 100 Kms. al noroeste de Madrid. El Rey imaginario, Alfonso, vestía reluciente Cota de Malla y yelmo cubriendo su cabeza, montado en su nervioso caballo, listo para el combate. En ausencia del Marqués de Villana, el Arzobispo de Toledo Don Alfonso Carrillo, toma el mando de guerra, y mientras llega la batalla, galopando pasa revista a sus cuerpos armados, ondulando sobre su espalda su legendaria capa rojo-escarlata con la cruz blanca bordada en su centro, y su espada cintilante al aire amenazando muerte.

++++El Rey y Don Beltrán de la Cueva, con señorío y llamativa prestancia, mariscal del campo de guerra, indica la orden del día de batalla e insufla valor a sus batallones. Con fuerzas muy superiores a las de Alfonso y el Arzobispo, entablan por la tarde encarnizada y sangrienta batalla durante tres horas, no vista en los anales de Castilla-Aragón. El espectáculo macabro de los jóvenes soldados pasados a cuchillo se vuelve insoportable a los ojos del Rey, por ello huye de la sarracina, a varios kilómetros de la refriega, y allí esperará el desenlace. Los soldados mueren como moscas, y los nobles y jerarcas viven. Viven porque siempre se esconden y corren.

++++A la puesta del sol, el centro del gran ejército del Rey Enrique se derrumba. Se hizo la noche. Se suspende la pelea. La historia española ha juzgado indeciso el resultado de la batalla de Olmedo; no obstante que el campo de guerra quedó en manos de los rebeldes.

++++El ejército del Infante Alfonso parte de Olmedo a tomar Segovia donde su hermana reside transitoriamente en calidad de rehén. Está acompañada de la Reina Juana de Castilla-Aragón, y de la Duquesa de Alburquerque, esposa de Don Beltrán de la Cueva, el favorito del Rey. Isabel se desprende de sus tutoras y se aposenta en las casas reales de la entrada a Segovia, a esperar la llegada de su hermano, que será triunfal. Le recibe con efusión y desbordado cariño. Se siente liberada del corsé prisionero impuesto por el Rey. Isabel y Alfonso se prometen jamás separarse. Cursarían juntos el destino que les trazará la Divina Providencia.

++++Cada Rey gobernaba en el territorio que tenía bajo su dominio. Isabel en más de una ocasión acompañó a Alfonso por regiones donde a Él le vitoreaban. Enrique quedó estupefacto por la pérdida de Segovia que amaba más que a ninguna otra. Recordaba que allí disfrutó de los deliciosos sabores de la niñez y los floridos devaneos de su juventud. Los dos hermanos marchan a Arévalo a 100 Kms. al oriente de Segovia. Allí celebran, en 1467, el catorceavo cumpleaños de Alfonso, y disfrutan luego de la dulce navidad medieval.

++++En la primavera del año siguiente, los mentores de Alfonso deciden reconquistar Toledo, a 110 Kms. al sur de Madrid, que había jurado lealtad al Rey Enrique. El ejército de Alfonso llegó al pueblo de Cardeñosa, a un par de leguas al norte de la ciudad de Ávila, el día 4 de julio de 1468. Acamparon para recobrar energías y reiniciar el viaje al día siguiente. Su hermana Isabel decidió quedarse en Ávila en el Convento de Santa Clara, donde las monjas le recibieron gustosas. Le acompañaba, claro, Beatriz de Bobadilla. La Infanta deseaba hacer unos días de retiro para meditar, realizar ejercicios de contrición y orar.

++++De pronto abandonaron  precipitadamente el convento y se trasladaron a Cardeñosa. Recibió la noticia de que Alfonso había muerto. Pero al llegar al poblado, su hermano del alma salió a recibirle con exuberante regocijo. Isabel se iluminó de alegría al verlo correr hacia Ella. Rumor de mis enemigos, diría Él. Ella se apeó del caballo, le rodeó con sus brazos cubriéndolo a besos y tomándole el rostro entre sus manos le dijo, ¿Vos sois vos, y no un fantasma? Aquí está mi hermano, mi hermanito, lloraba de alegría Isabel; pues quién más podría ser, hermanita…

++++Alfonso se enjugó los ojos y rodeando el talle de Isabel la condujo al interior de la posada, y junto a ellos Beatriz de Bobadilla, y dirigiéndose a su séquito guerrero, expresó en voz alta, he aquí a mi hermana la Princesa. Tendremos un banquete de honor, digno de la Infanta de Castilla-Aragón. Le ordena al posadero un banquete especial ¿qué podréis ofrecernos? Tengo, Alteza, unos pollos muy tiernos y bien nutridos… Y también tengo truchas. Haced todo lo posible para ofrecernos una cena como jamás la habéis preparado. Así será su Señoría. Volvió a su hermana y le susurra Alfonso, os necesito a mi lado. Sin vos me siento todavía un poco inseguro. Sí hermano, sí, le respondió la Infanta, con la misma voz baja y tensa. Los dos nos necesitamos; en el futuro… no debemos separarnos.

++++Alegre resultó la cena. Las truchas están deliciosas comentó Alfonso. Le sirvieron otra ración. Todos se retiraron a sus aposentos. La Infanta despertó temprano, y recordaba el día anterior, ese extraño día que había empezado con tanto dolor y sufrimiento, y había terminado en júbilo. Isabel reflexionaba que estando siempre juntos, tal vez podría influir sobre Él y persuadirlo de que no podía ser legítimo Rey mientras su medio hermano Enrique IV viviera. Tal vez lograría convencerle de que esperara la muerte del Monarca para que Él asumiera el trono que le correspondía en ley de sangre, puesto que la niña Juana La Beltraneja no podría ser sucesora por ilegítima. En estas cavilaciones estaba cuando Beatriz entra a su recámara, pálida y aterrorizada. Le informa a su Alteza que Alfonso estaba muerto. Horror, hondo pesar y dolor infinito de Isabel. Inconsolable desgarramiento de su corazón. Observaron en el cadáver que la lengua estaba hinchada y la boca negra. Los nobles de su ejército y jerarcas, aterrados y enloquecidos, hacían sugerencias disparatadas para volverle la vida al niño. Las truchas, las exquisitas truchas…

++++Trasladaron su cuerpo a Arévalo. Tan pronto concluyó el entierro, Isabel se dirigió a Ávila y se encerró en el convento de Santa Ana. Tenía mucho en que pensar. La muerte de su hermano Alfonso había modificado radicalmente su situación en el complicado y turbulento escenario de la guerra civil, que no conseguía definir la sucesión. De pronto Isabel se encontraba cerca de la Corona. Solo la Infanta Juana La Beltraneja estaría frente a  Ella mirando de soslayo el trono…

Capitulo anterior: https://www.ajedrezensonora.com/2011/04/isabel-la-catolica-parte-2/

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