Adolescencia y Juventud

Adolescencia y Juventud

Ninguna edad, ciertamente, agranda tanto la vida como la adolescencia.  Si la juventud es casi siempre un hallazgo, la adolescencia es casi siempre una búsqueda.  En su inquietud todo límite será excedido, toda distancia será superada.  Es la época del vuelo del alma.  Es también la época de las mas misteriosas visitas del destino.  Los días y las noches se llenan de voces aladas que nos persiguen que quieren entrar en nosotros.  Hasta que un día responde el eco inmenso de la vocación.

En esta búsqueda, en esta errátil desazón, el horizonte cambia desde los cerros que alcanzamos. Faldeando ya por la montaña de la vida, el sendero se envuelve varias veces, tornando sobre sí mismo. Imposible saber a dónde va. Imposible siquiera, saber si a alguna parte va. Por estas rutas, los atardeceres difusos comunican al viajero la sensación de andar perdido. Se ha extraviado por los caminos de la montaña el peregrino que iba hacia las lejanías encantadas… El viaje cobra una fascinación dramática. Esperamos un mensajero, una señal, un claro indicio.  Pero nadie viene.  Nadie puede venir ni convendría que viniese.  Se llora sobre el destino y con esta pena sombría se enlutan los versos de la primera musa.

Buscando quimeras de sus sueños, la adolescencia dilata los ámbitos de la vida, y es capaz de agrandar hasta lo ilimitado el reducido recinto de la ciudad natal.  Se sale pues, por los alrededores.  Va de aventura.  De cada barrio del suburbio ira haciendo un mundo nuevo.  Andará imaginando que por ahí está escondida la suerte, nuestra suerte, una suerte rara, novelesca, magnifica, que no supieron hallar los otros hombres, porque, de seguro, no acertaron a buscarla como nosotros la buscamos, con ese arrojo y esa fe…

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Quisiera hacer bellos versos en elogio de los pechos fornidos y de las espaldas hercúleas.  Bellos versos a la sombra de estas palabras pindáricas “quiero cantar las glorias de la ciudad famosa…” ¡Ah, que prodigo día! por los veredones pasan riendo, tomados del brazo las hermosas muchachitas.  Pasan también los entusiastas adolescentes.  En cuatro líneas circulan los coches y los automóviles.  Oímos la invitación de la vida en el corazón sonora.  Nos dan deseos de detener la columna de los jóvenes y decirles:
-Mirad. A tiempo de partir siempre tenemos un mensaje digno de ser recibido.  Prestad atención.  Estos árboles del parque iniciaron una obra que no debe de ser interrumpida.  Se necesita en la patria una juventud dichosa; una juventud que atraviese el trabajo cantando.  No queremos en ninguna alma, nunca más la sequedad del fanatismo, de cualquier color que sea.  La mañana ignora al búho.  La adolescencia ha de ignorar la tristeza.  Yo, que no la ignore, se bien lo que digo.  No queremos rostros graves antes de que sea venida la hora natural de la gravedad.  El árbol que colgara pesada fruta se regocija primero con la aparente superfluidad de la fronda liviana.  Así debe ser.

Escuchad, todavía. Haceos cariñosos. Visitaos. No os tratéis en la calle o en la mesa del café.  El amigo debe conocer la casa del amigo.  Visitaos siempre, no haya a los años ni solamente para daros alguna mala noticia.

Y si sois casados, con vuestras esposas, agrandad la ruega de la amistad.  Es el deber más hermoso de la vida.

Escuchad algo más.  Sed fuertes. Ser fuerte es la mitad de ser feliz.  La fuerza del alma empieza muy adecuadamente en el vigor del musculo.  Magnifica cosa es parecerse a los dioses antiguos.  Quisiera no equivocarme, si mañana preguntado de improviso para que diga donde están los futuros tribunos, los futuros maestros, respondiera:  están jugando a la pelota, están jugando en los estadios, están sobre los trapecios.  ¿Oís aquellas carcajadas? son ellos que se ríen, son ellos que están viviendo con toda su alma.

Y me preguntaran: ¿ahora qué pasa? y diré: ahora dialogan. No digo que charlan; digo que dialogan. Dialogar es elegir los temas y escoger las palabras que tengáis cuidado con esto, la palabra crea la cosa que nombra.  Vivimos nombrando para sentirnos creadores; todos somos taumaturgos. Hay un mundo despierto en torno nuestro; el que nombramos. Hay un mundo dormido: el que aun no hemos nombrado.  Nuestros ojos nombran; nuestro tacto nombra, nuestros oídos nombran. Todo nombra.  Oíd mas: la palabra no es nunca una casualidad. Escogedla y cuidadla.  Considerad siempre en la palabra en lo que es una cosa divina.  Cuando se nombra se evoca; cuando se evoca se crea. Haréis el mundo que nombréis.

Debo deciros varias cosas más.  Necesitamos que el destino de la patria sea interpretado en toda su grandeza. Inmensas son las distancias y largas las edades.  Los pueblos han sido llamados a certamen sobre esta tierra nuestra; y amados a hoja de olivo y de laurel: ¿que vais a hacer vosotros; espectadores o atletas? ¿que vais hacer; oficinistas o tinterillos? ¿o pensáis ser graduados; “doctores” y siempre “doctores”? ¡Oste con ese abuso! ninguna jerarquía artificiosa debe ser tolerada; ninguna orgullo mental, condecorado. No tenemos ni animo para tales falacias.  ¿Os parece poco “afianzar la justicia” -pero de verdad- “promover el bienestar general” -pero de verdad- y “asegurar -pero de verdad- los beneficios de la libertad” para todos? esta obra reclama hombres verdaderos hombres; no queremos mas oficinistas.  El duro suelo pide brazos ¿ninguno dirá con un grito del alma, con un arranque de coraje: yo quiero ser agricultor, yo he soñado con ingentes riquezas, para el mundo no solamente para mi; yo he soñado con innumerables rebaños llenando los campos; con sembrados sin posible agrimensura?´

Queremos trabajadores de los campos, y pronto, pronto, la libertad de la tierra. ¿ninguno dirá esto? … ¿no seréis tampoco fundadores de ciudades? mirad el mapa.  Es menester que donde hay una casa haya diez, un centenar.  Mirad las provincias y las gobernaciones; mirad nuestra provincia misma.  ¿No haréis de las cierras azules un país prodigioso?

Tened confianza, y que esta confianza vuestra, no reconozca limites.  Asombrad a vuestros padres y rejuvenecer de jubilo a vuestros abuelos.  Mañana seréis convocados a batalla por Ormuz; mañana conquistareis. ¿Que pensáis vosotros del mundo? recoged unas cuantas hespérides sí existe.  El árbol que canta si existe, la isla de Calipso si existe; el vellocino de oro si existe ¿queréis mas? se puede ser Hércules, semi Dios ahora y constelación mañana. Yo salgo fiador en esta hora solemnemente.

Arturo Capdevila

 

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